Tanto reyes, como comerciantes buscaban una posada, más o menos humilde para poder pecnortar y reponer fuerza para seguir su camino.
En su inicio estos lugares de descanso ofrecían poco más que un viejo y polvoriento camastro ubicado en un rincón de un establo. Más tarde, poco a poco, fueron evolucionando hasta nuestros días, no en vano hoy día ofrecen todo tipo de comodidades y no por unos reales como antaño.