The World Velattina
La importancia de la educación emocional en los niños es sin duda uno de los pilares fundamentales para conseguir un desarrollo emocional óptimo. Saber gestionar las emociones en momentos claves de la vida son la base del éxito personal, físico, psíquico y social. Los resultados académicos son importantes, pero mucho más relevante es que los niños sean felices, puesto que de ellos depende el futuro de ésta, nuestra sociedad compleja. Las emociones engloban el sentido vital y personal de cada niño, buscando siempre el referente en el adulto, la familia. Nosotros tenemos el deber de acompañarlos en este proceso, aún a sabiendas que a veces podemos equivocarnos tomando decisiones radicales, los padres también soportamos una carga emocional pesada y por esto el conjunto de niño y familia han de establecer un clima de comprensión y confianza emocional, para que cada uno cumpla con sus responsabilidades y los menores lleguen a una integración en su ser de las emociones que cada ser humano necesita para su evolución y crecimiento personal. No en vano, Darwin, en 1872, publica “Expresión de las emociones en los animales y en el hombre”, donde señala la similitud entre ambos, tanto en las expresiones faciales como en posturas corporales en respuesta a las emociones entre las diferentes especies de todo el mundo. Existe, por tanto, en las emociones básicas una parte innata, cuyas expresiones variarán en función de la cultura, sexo, país etc. Según cita Shapiro en su libro de 1997 “La inteligencia emocional de los niños”, lo más interesante al educar emocionalmente a los niños es que cambiamos “la química de sus cerebro En función de la experiencia personal de los niños, se construye la estructura de su cerebro, “quedando sus experiencias emocionales tempranas literalmente integradas en la arquitectura de sus cerebros”. Las crecientes interacciones en sus circuitos cerebrales hacen que se desarrolle una conducta emocional cada vez más madura. A medida que el niño va creciendo, los padres deben repetir las expresiones de emociones positivas, y así se va enseñando al niño a controlar las emociones negativas. Al no sentirse libre de expresar las emociones, porque no cuentan con la aprobación de sus padres, no aprende a canalizarlas bien. Si no las muestra, las reprime, y al reprimirlas no aprende formas “sanas” de expresarlas. Es por todo esto la gran importancia que el aprendizaje emocional positivo tiene sobre el niño, sobre su autoestima, confianza en sus logros, el respeto hacia sí mismo y la integración en su ser de los valores fundamentales del ser humano adulto.
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