Mi Antivirus de este viernes retrata la mezquindad de una patronal opuesta al acuerdo de pensiones en medio de una euforia de beneficios y salarios estratosféricos de las principales fortunas del país. Nada se puede esperar de una cúpula empresarial que niega cualquier compromiso con los más vulnerables de su país.
Se llama
¡Qué difícil es mejorar la reputación empresarial!
¡Qué difícil tiene que ser presidir la CEOE, con la que está cayendo esta semana, y que “sólo” te paguen 400.000 euros! Me refiero a sentirse obligado a rechazar una reforma de pensiones sostenible que, además de garantizar el poder adquisitivo, eleva las mínimas (todavía insuficientes) para que converjan con el salario mínimo, sube las que reciben las mujeres que han cotizado menos para cuidarnos, no perturba la competitividad de las empresas y cuyo coste laboral por hora trabajada es inferior a la media europea... y encima viene avalada por un gobierno europeo afín a tu ideología. ¡Qué difícil e irresponsable es oponerse cuando has estado ausente de la negociación y no has presentado contrapartidas!
¡Qué difícil tiene que ser presidir la CEOE y ver que sólo los expertos afines a tus intereses privatizadores de lo público (BBVA y alguno más) y un indocumentado presidente del PP apoyan tus tesis sobre una indemostrada “voracidad recaudatoria”!
¡Qué difícil tiene que ser como presidente de la patronal alinear ese reto de “lograr una situación social cada vez más justa”, que ordena el artículo 4 de los estatutos de la CEOE, y sólo ser capaz de estar “a las maduras” (en palabras del ministro Escrivá) para que tus asociados reciban miles de millones de euros de fondos europeos y nunca estar “a las duras” cuando se trata de frenar la creciente desigualdad y pobreza de los trabajadores que crean riqueza!
¡Qué difícil tiene que ser presidir la CEOE cuando defiendes o impones a los trabajadores la mayor pérdida de poder adquisitivo de los salarios de las últimas décadas y ves cómo las grandes fortunas de este país logran récord milmillonarios de beneficios y se asignan sueldos y dividendos estratosféricos, como los de Inditex (Amancio Ortega: 2.217 millones en dividendos) o Mercadona (Juan Roig: récord salarial con 11 millones) esta semana, y los banqueros o los grandes accionistas de compañías energéticas o petroleras semanas atrás!
¡Qué difícil tiene que ser soportar que hasta el Banco de España te diga que los beneficios empresariales han aumentado nada menos que siete veces más que los salarios!
¡Qué difícil tiene que ser aguantar el peso de informes de la Comisión Europea, nada sospechosa de comunista, cuando recomienda las subidas salariales que tú niegas como presidente de la patronal española!
¡Qué difícil tiene que ser ver alejados los pronósticos y soflamas de recesión en España y asistir a previsiones oficiales al alza del PIB que tumban tus deseos de enterrar al gobierno más progresista de la historia de tu país!
¡Vaya semanita! ¡Qué difícil tiene que ser también contemplar la vuelta del pánico bancario provocado por especuladores o ejecutivos deficientes en el Silicon Valley Bank, en el Credit Suisse o en el First Republique Bank y no poder o querer calificarlos por su nombre porque forman parte de tu clase social!
Todo esto debería ser difícil de llevar si la cúpula de la patronal española se instalara en la decencia de reducir las brechas históricas acumuladas y aumentadas en las más impensables situaciones adversas y practicara una responsabilidad social corporativa consecuente con la pérdida de calidad de vida. Pero no ha sido así. La CEOE no ha digerido ni asumido una mínima contribución a la igualdad en una de las peores coyunturas vividas por sociedad española en los últimos cuarenta años (pandemia, guerra en Europa, crisis energética, inflación desbocada y subida exponencial del precio de los alimentos). Y eso que, como revela un informe de la OCDE, “las familias más ricas se llevan más del 30% de las transferencias públicas y las más pobres un 12%” (El Salto).
La reforma de las pensiones que ayer aprobó el Consejo de Ministros tras el aval y la implicación de la izquierda y los sindicatos CCOO y UGT consolida esa dicotomía evidenciada con las subidas del salario mínimo y con la “prudente” reforma laboral. PP, Vox y CEOE de un lado y PSOE, Unidas Podemos (más los socios de investidura) CCOO y UGT, de otro.
No me cabe la menor duda de que la rapiña derechista seguirá incansable en esta lucha para tumbar a este gobierno, algo que debería reanimar la cooperación entre quienes se marcan el reto prioritario de reducir las desigualdades, que es nada más y nada menos que el desafío expreso del acuerdo del Gobierno de coalición en diciembre de 2019. Salvadas las pensiones y enfilada la promesa electoral de subida del salario mínimo es urgente esa ley de Vivienda que actúe como fármaco contra la pobreza de tantos jóvenes, mujeres, familias vulnerables y migrantes. Como urgente y necesario es no dar por perdida la derogación de la ‘ley Mordaza’ de Rajoy que facilita la impunidad policial, genera miedo e indefensión y limita ejercicios de derechos tales como la protesta contra la arbitrariedad. Como urgente es un modelo de financiación autonómica que acabe con desequilibrios en servicios esenciales.
Poco o nada se debe esperar de quienes en tiempos tan difíciles niegan cualquier medida que reduzca la desigualdad y la pobreza, y sólo piensan en el enriquecimiento rápido de su clase. De poco sirve que un magnate como el de Mercadona reconozca que ha subido los precios una burrada si no es capaz ni siquiera de rebajar o recortar esa burrada de beneficios y sueldos millonarios conseguidos gracias a sus clientes (el jefe, en su argot propagandístico) y a la presión a sus proveedores. De poco sirve su perorata si él y sus “compañeros” de sector no imitan a Eroski o a los super franceses con una rebaja de precios en la cesta básica de la compra y con un recorte de márgenes en sus cuentas.
Lo que es una burrada es cómo viven los que se niegan a reducir las brechas de desigualdad que ellos y sus representantes políticos han impulsado. Lo sabíamos, pero su rechazo al acuerdo de pensiones despeja cualquier duda sobre su mezquindad. Flaco favor hace a sus representados. Y muy difícil se lo pone a los que pretenden mejorar la reputación social de la cúpula empresarial.
(Unai Sordo de CCOO, José Luis Escrivá ministro de Inclusión y Seguridad Social y Pepe Álvarez de UGT tras la firma del pacto de Pensiones)