El Ojo del Volcán es la voz del afligido; es la voz del
pueblo indignado, dolorido, y hasta oprimido.
Este manuscrito es un homenaje a todos los corazones
que, en algún momento de su vida, nuestra vida, han sufrido
en carne propia un maltrato degradante y vejatorio. Esos
corazones que han sentido miedo, o más bien, terror de unos
ojos llenos de malicia y crueldad; este temor es la manifestación
más plausible de sumisión, de sometimiento; es el mejor
modo de callar la razón, la dignidad, y hasta la voluntad. Es el
cauce más directo para suprimir y aniquilar la personalidad;
además de abrir una brecha insalvable entre agresor y víctima.
Malicia dormida es un llamamiento a hacer justicia; es
una súplica de legislación prudente y activa; es el puntal que
apoya a las almas que se ahogan en su propio dolor.
Estas líneas de tinta comprometida y solidaria denuncian
la violencia y corrupción que vivimos en la actualidad
ante la devastación causada entre semejantes de la misma
especie, entre humanos.
El Ojo del Volcán es la sangre renovada que va al frente
de esta encrucijada, crucial y decisiva, que nos presenta José
Luís, personaje principal de esta narrativa. Él nos muestra la
naturaleza humana, enmascarada y oculta, que se esconde
en el fondo de la maldad dormida.Todos debemos ser capaces de compartir el dolor propio
y el ajeno.
Todos, alguna vez, necesitamos una mano para levantar
nuestro corazón caído hasta conseguir aparcar la huella
del dolor, grabada a fuego, a un lado del camino. Mirando
siempre al futuro, viviendo el presente y sin olvidar nunca el
pasado, porque será el aprendizaje que emane del sufrimiento
lo que nos ayudará a superarnos y evolucionar, y hasta
incluso sanar.
Arriba almas, vamos corazones; entre todos podemos
conseguir “La Norma” más justa: No a la violencia, no al
maltrato, no al dolor, no a la corrupción. Sí a las leyes, sí a
la alegría; en definitiva, sí a la vida.
¿Por qué? Porque todavía creo en el ser humano: el
que va de cara, el que respeta, el que mira a los ojos, el que
ayuda; en conclusión, el que no odia y sí ama.

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